sábado, 22 de abril de 2017

El Fuego de la memoria  

Sevilla en primavera, siempre tiene ese olor característico e inconfundible que me trae
números recuerdos de mi infancia, el azahar. Esta flor tan típica de los naranjos me permite
regresar a mi infancia durante unos instantes.
Cada vez que percibo su aroma me recuerda a aquellas largas y divertidas reuniones familiares
en las que toda la familia se sentaba a disfrutar de una comida preparada por mi magnífica
abuela. Todavía me acuerdo de que en la sobre mesa salía corriendo detrás de mi prima y me
escondía o me subía en el naranjo del patio de mis abuelos, o de las anécdotas que
contábamos durante el momento de tomarse el café, incluso de las manchas que siempre
terminaban en la camisa de mi tío por una razón u otra.
Al oler la flor del azahar, vuelvo a esa etapa en la que aún no sabía apenas nada de la vida, en
la que todo era fácil y éramos completamente felices.



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